Viernes, 06 de Mayo de 2016

Querido papá:


 No sabes cuánto trabajo me ha costado escribirte estas líneas; pero después del último juego, hace ocho días... creo que he llegado al límite. Me preocupa mucho sentir que la derrota no la sufrí como mía ni disfruto las victorias.


Creo que esto se debe a que en el campo no soy yo, sino el instrumento que ejecuta los actos y movimientos que tú y otros señores quieren que hagamos. No sé por qué desde las tribunas e incluso dentro del campo, no hago más que tocar la pelota y cae sobre mí un caudal de gritos:


"¡Tira!", "¡suéltala!", "¡a primera!", "¡a home!". Y cuando voy al bate, no se diga, sólo oigo gritos: "¡a la buena!", "¡no la busques!", "¡tírale!", y ¿qué pasa?... rola al cuadro cuando mejor bateo y, en la mayoría de los casos, estoy petrificado viendo pasar los strikes.


Te pido, papá, que me dejes jugar... mis partidos. Tú ya jugaste los tuyos y, si no lo hiciste, yo no tengo la culpa de tu falta de oportunidad; por favor, no me hagas el reflejo de tus frustraciones.


El otro día que veíamos el béisbol por la tele, te enojaste mucho porque un profesional se hizo expulsar por reclamar airadamente al umpire; le llamaste: ¡bandido!..; sin embargo, tú reclamas al igual que otros señores todas las decisiones de nuestros umpires e incluso te he oído insultarlos.


Tan confundido estoy que ahora reclamo; no sé si es parte del juego o no; me angustia saber que me puedo quedar "sentado" por repetir el vicio que veo en los adultos, incluyendo a los de las ligas mayores, pero sobre todo... tú.


Por último, papá, ¿no habría manera de que antes del juego me indiques qué debo hacer y al finalizar el partido me señales los errores cometidos para tratar de corregirlos?


Yo sé que tú sabes mucho de béisbol... ¿podrías regalarme algo de tu tiempo y enseñarme tus secretos?, pero... fuera de los juegos de la liga.


Todo esto es para que al momento de jugar, yo me sienta responsable de mis victorias y que me importen mis derrotas. No me quites creatividad; te aseguro que soy capaz de resolver los problemas que los del otro equipo me plantean.


De ninguna manera quiero que esta carta te aleje de mí. Yo te quiero ver sentado en las tribunas oyéndote a ti y a mamá: ¡vamos!, ¡fibra!, ¡adelante!, ¡mucho!, ¡mi hijo, ra, ra, ra!, así como grandes porras a los dos equipos. Te recuerdo que todos estamos haciendo el mejor esfuerzo por salir victoriosos. ¡Ah! se me olvidaba, no me digas que cambie las cosas que ordena el mánager; él es el mánager y, si se equivoca, que se equivoque él y no tú.


Terminando, quiero compartir mis victorias contigo y quiero tu consuelo en las derrotas.


No es mucho pedirte, papá, sólo déjame ser... yo.